Te veo desde la ventana bajar del coche. Me apresuro y salgo corriendo, en busca de tus brazos.
Me acoges y me besas en la frente. Después me agarras con suavidad de los hombros y me miras de arriba a abajo.
-Estás preciosa.
Andamos hasta el coche cogidos de la mano. Me abres la puerta y con una sonrisa me indicas que entre y me ponga un pañuelo en los ojos.
Obedezco.
-¿Que es esto?
Ríes y la musicalidad de tu risa me hace sentir aún más inquieta.
-Confía en mí.
Vamos un buen rato en coche, charlando de tonterías que son especiales por ser nuestras. Me coges de la mano sin quitar la otra del volante, y me aprietas dándome seguridad.
Tengo los ojos tapados pero es como si te viera. Siento tu respiración y como siempre, mi corazón acelera. Me ruborizo y finjo mirar hacia la ventana, tú te ríes de nuevo.
¿Es que no se acostumbrará nunca a ésa sensación mi estúpido corazón?
Paras el coche, creo que hemos llegado.
Bajas y noto tu ausencia en el vehículo, aunque en seguida apareces a mi lado.
Abres la puerta y, cogiéndome de las dos manos, me sacas del coche.
-Ven.
Me llevas hasta una playa, huelo el mar con total claridad. Andamos unos cuantos metros.
-Cuenta diez, quítate la venda y mira abajo.
Susurra.
Vuelvo a obedecer, y al rato me encuentro sola en medio de la playa. No sé en qué momento te fuiste, sería al contar, que me distraería.
Bajo mis pies hay una nota escrita en la arena,sonrío.
-Te voy a hacer sonreír como nunca has sonreído-
Apareces por detrás y me pones un colgante sin darme cuenta. Me doy la vuelta y en seguida me encuentro con tus labios, que me besan frenéticamente.
Nos cogemos de la mano y empezamos a andar, mientras nuestros pies juguetean sin querer con la arena.
Llegados a un punto, me vuelves a poner el pañuelo, y seguimos andando, yo agarrada a tí.
Me coges y empiezas a subir escalones.
Estás un buen rato así, sin expresión alguna, subiendo escalones, y más escalones.
Me siento un poco culpable.
Susurras que hemos llegado, y poco a poco me dejas en suelo.
Agarras mi mano, y haces que te acompañe hasta algún lugar.
Te colocas detrás mía y sin prisas me quitas la venda.
Un precioso cielo acompañado de las olas se ve desde el faro.
Siento la brisa acariciar mi rostro,cierro los ojos.
-¿Te gusta?
Preguntas con miedo de estropear el momento.
-Te amo.
Estamos un rato en silencio, pero tampoco hacen falta palabra alguna.
Me doy la vuelta y de nuevo mis labios son prisioneros de tus besos.
Bajamos sin prisas del faro, de la mano.
Voy delante, y de vez en cuando me da por darme la vuelta y mirarte, como si no fuera real todo esto.
Llegamos al coche y una caja de regalo está encima de mi sitio.
-¿Y ésto?
No me haces caso, subes al coche y arrancas.
Abro la caja con curiosidad.
Un precioso encaje de tres piezas azules, de lencería fina, es lo que está escondía.
Se me escapa una risa tonta.
Te ruborizas y no puedo aguantarme las ganas de llenarte a besos.
Llegamos a un centro comercial.
Me sonríes y agarras mi mano de nuevo, y me llevas a un Fotomatón que hay a pocos metros del Centro Comercial.
Nos echamos mil fotos, pero no dejas que guarde ninguna, sonrío.
Volvemos al coche, tú sonriente y yo extrañada.
-¿Hemos venido sólo a echarnos fotos?
Sueltas una carcajada,pero en seguida vuelves a la normalidad.
-¿Te parece poco?
Conduces hasta un parque que está casi desierto.
Me siento en la hierba, segura de esperar alguna sorpresa más.
En cambio,pasamos la tarde riéndonos, hablando de cosas sin importancia, besándonos, queriéndonos.
Pero ninguna sorpresa ha hecho acto de presencia.
Ya de noche,te acercas a mí, y me besas con la Luna de testigo.
-Has estado justo al lado de las entradas de un concierto.
Vuelvo la mirada hacia la derecha, donde hay un arbusto. Estiro las manos y palpo hasta tocar dos trozos de papel que saco con impaciencia.
Estoy a punto de gritar, cuando me doy cuenta de que son falsas.
Tú te ríes.
Acto seguido, me besas, y agarras mi mano metiéndomela en mi bolsillo trasero.
Las entradas.
Me echo encima tuya, feliz, radiante, perfecta.
Te beso una y otra vez, sin parar, sin cansarme de tí.
Entonces, sin previo aviso, comenzamos a jugar, como si de pelear se tratase.
Parecemos enanos.
Finalmente, te beso, con el mejor beso que soy capaz de dar, y te llevo al coche, insinuándote que debería volver a casa.
La vuelta se produce silenciosamente, con miradas alternadas del uno hacia el otro, ruborizaciones y sonrisas.
Frente al portal de mi casa, a punto de salir del coche, me agarras de la muñeca,e inevitablemente mis ojos necesitan mirarte.
Me besas.
-No te lo he dicho en todo el día...te quiero.