domingo, 31 de enero de 2010

Peor que el frío en pleno Diciembre.
Peor que encontrarte bajo las calles de tu ciudad en tirantas, en plena nevada.
Peor que llamar a tu amiga en los peores momentos, y que nadie te coja el teléfono.
Impotencia.
Impotencia es cuando delante de tus narices hay una puta barrera transparente que te impide ayudar o realizar algo.
Impotencia es arrancarte la piel a trozos y que el dolor no sea tanto físico como lo es psíquico.
Impotencia es ver nada más abrir los ojos, estar tan cerca, tenerlo tan fácil, pero, sin embargo, lejos y difícil.
Impotencia es que se te encoja mil veces el corazón y te duela de tal forma que te insensibilice.
Impotencia es querer y no poder.
Es sentir cómo le fallas a alguien, seas tú mismo, tus amigos, tu familia.
Impotencia es llorar sin control y no saber porqué, es que tu madre coja un cabreo porque no has comido, es estar apático con diestro y siniestro, es.. que se te quiten las ganas, de todo.

sábado, 30 de enero de 2010

Amistad:
f. Confianza y afecto desinteresado entre las personas.

viernes, 29 de enero de 2010

A partir de ese día, no volví a mantener ninguna conversación con Alejandro.
Él tampoco me hablaba, más bien estaba en su mundo siempre, más serio de lo normal.
Los días fueron pasando, y Carlos, el que me había desgraciado, tampoco aparecía.
Un día, Lea se acercó a mí, disgustada.
-Sara..
La abracé, en un intento de que se sintiera mejor.
-¿Qué pasa?
-¿Sabes quién era Carlos, el de 4º B?
Se me rompió el alma al escuchar esa pregunta, ese nombre.
-S-sí.. ¿Que ocurre?
-Me ha dicho su madre que hace tiempo que no sabe nada de él, que probablemente esté muerto..Sara..él..era..yo le quería,yo..-rompió a llorar de nuevo.
Yo estaba completamente en blanco, claro, cómo iba a saber que el chico que me .. y el que quería mi mejor amiga eran el mismo.. pero ahora, ahora ya no había tiempo para pensar en eso.
-Lea..
No añadió nada más, y siguió andando.
Vi como se alejaba, y torcía hacia la derecha para encaminarse a algún lado.
Cuando torció, me fui a dar la vuelta, pero alguien me abrazó, más fuerte de lo normal.
-He sido yo..
Mi corazón dio un vuelco, mis ojos se pusieron redondos, mis manos comenzaron a temblar, mi voz.. no tenía voz.
Me dí la vuelta, y efectivamente, lo vi a él.
-Qué..
No pude terminar la frase, un beso cálido y apasionado me lo impidió.
Una lágrima le resbaló por la mejilla, jamás lo había visto así.
-Lo siento tanto, enana.. Yo sólo quería poder, pero cuando apareciste tú..yo..
-No tenías que haberlo hecho, Lea..
-Lo siento..
Le interrumpí, no quería que se martirizara más, por lo que le correspondí el beso, cogiéndole con suavidad de la nuca.

jueves, 28 de enero de 2010

Estaba jadeando cual perro, mientras yo me moría de asco.
Me llevó hacia un aula desierta, y estancó la puerta con una silla.
-Así que..-dijo, mientras se acercaba lentamente a mí- así que eres un trueque, sexo por votación hacia tu amado Alejandro..
Tragué saliva.
-Eso mismo.
-Muy bien.. mira.-sacó su papelito donde debía de votar, y escribió el nombre de “Alejandro” en él.- Ven, que vamos a intercambiar objetos..más te vale cumplir, porque si no, Alejandrito podría sufrir un.. pequeño accidente.
Sonrió maliciosamente.
Me cogió por la cintura, y me subió a la mesa del profesor.
Jadeaba, seguía jadeando. Ansiaba tomar mi cuerpo de una vez, para él sería otro polvo más,pero..
Cerré los ojos y me puse a sus pies. Empezó tocándome los pechos, mientras el aire que pasaba por sus pulmones me estremecía rozándome la piel.
Deslizó la punta de sus dedos por mis piernas, y de un tirón, me quitó la falda del uniforme, mientras sus ojos estaban inyectados en sed, mucha sed.
Entonces, comenzó el dolor. Como si de repente un lazo muy fuerte junto a tu mejor amiga se rompiera.
Como si, de un segundo a otro, te quedaras sola en el mundo.
Rompí a llorar en silencio, mis lágrimas bajaban lentamente por mi rostro, mientras aguantaba el sufrimiento que estaba viviendo.
Me agarró de la mano con la suya, fuerte, áspera, fría. Y me la llevó hacia lo suyo, haciendo que todo mi ser sintiera asco de mí misma.
Sentí que terminé desvaneciéndome, y que algo me trasladaba de un lado a otro.
Cuando desperté estaba escondida entre matorrales en un parque abandonado, sin recordar nada de lo sucedido.
Estaba empapada de sangre.. entonces lo recordé todo, y me tiré un buen rato llorando.
-¿Sara?
Me dí la vuelta, sorprendida de que incluso en un parque tan abandonado como éste, alguien hubiera merodeando.
Sentí un escalofrío al pensar lo que podría preguntarme.
“¿Qué haces aquí?”
“¿Y esa sangre?”
“¿Todavía con el uniforme del instituto?
Y lo peor :
“¿Qué te ha pasado?”
No sabía cómo iba a contestar a estas preguntas.. sin embargo, tampoco me hizo falta contestarlas.
-Alejandro..
-¿Qué..?
Ésta vez no pude evitarlo, seguía llorando, no podía parar, cada vez que pensaba que mi primera vez había sido para.. me daba asco yo misma, mucho asco.
-No puede ser..-comenzó a titubear-Sara,no me digas que tú eras..
Me levanté con todo el maquillaje corrido por las lágrimas.
Estaba destrozada, me había destrozado, él.
Hice caso omiso a mi corazón, y sin pensar lo que estaba diciendo u haciendo, le dí un guantazo.
-Te odio.
Con la falda manchada en sangre y barro, y la camiseta completamente rota, me fui hacia mi casa.

miércoles, 27 de enero de 2010

Apareció detrás de mí, pasando su brazo por mi cintura.
A decir verdad, los últimos días, cada vez que se acercaba a mí, me cogía por la cintura.
Habíamos comenzado a pasar cierto tiempo charlando, pero nunca me contaba sus cosas, y siempre mantenía una posición tensa, como si quisiera controlarse de algo.
-Sarita.
Me dí la vuelta, estaba desesperada por probar sus labios, pero no, todavía no era buen momento, a decir verdad, no era ni el momento ni el lugar.
-Dentro de poco son las elecciones para el presidente del consejo.
Un escalofrío me recorrió por todo el cuerpo.
-¿Me vas a decir lo que tengo que hacer?
Me apretó junto a él, sonriendo.
-Ofrécete a cambio de mis votos.
El corazón me dió un vuelco.
Quedaban apenas dos semanas, sólo dos semanas.. hace dos días lo habría visto como la cosa más lejana del mundo, dos semanas para empezar a trabajar en equipo con la persona que hacía que se me cortara la respiración.. ahora lo veía diferente, lo veía demasiado cerca.
-No puedes hacerme esto..
-Sara,Sara-se puso frente a mí y me miró fijamente-¿Crees que a mí me hace ilusión ver cómo otros disfrutan de ese cuerpo?
Me miraba sin pestañear, como siempre, trataba de ser sincero, pero en el fondo, yo sabía que tan sólo me quería para eso, utilizarme, ésos eran sus únicos propósitos.
Con su mano derecha, me levantó de la barbilla y me sonrió relativamente dulce.
Lo vi alejarse entre el túmulo de personas, mientras yo poco a poco me desvanecía por dentro.
Llegaba tarde a clase, pero ese era mi menor problema. Una parte de mí rechazó a mi cerebro, lo único que pensaba de forma coherente ante ésta situación, la otra.. la otra, estaba dispuesta a hacer cualquier sacrifio por tenerle, aunque éste fuera humillante.
Vagabundeé incesantemente por los pasillos del instituto. Lo bueno que tienen estos institutos es que son tan grandes que es prácticamente imposible que los profesores lo controlen todo.
Me quedé arrinconada en un hueco que había entre la biblioteca y la sala de actos, y allí comencé a llorar desconsoladamente y en silencio.
No se cuanto tiempo pasó mirando hacia abajo, hasta que alguien me acarició la cabeza cariñosamente.
-¿Sara?..
Lo último que me faltaba, sí señor.
-Lea..
Se agachó para estar a mi misma altura, me tomó de la cabeza y comenzó a consolarme, limpiándome las lágrimas, aún sin saber qué era exactamente lo que me pasaba.
-¿Quieres hablar?
Al abrir la boca para responder, me dí cuenta de que Alejandro estaba en la planta de arriba, haciéndome señas.
-No, no te preocupes- dije, fingiendo una sonrisa- si estoy bien, vete a clase anda.
No me moví de aquel rincón hasta que ví que Lea entró al aula.
Alejandro bajó a donde estaba, estaba claro que quería hablar conmigo. Me sequé las lágrimas con la manga, no quería que me viera mal, aunque en realidad hubiese sido lo mejor.
-¿Qué haces aquí marginada?-preguntó sin sospechar que había estado llorando.
-Nada que te importe-respondí secamente.
-Claro que me importa, tú me..-entonces, como queriendo ocultar algo que era inevitable, desvió la frase- tú tendrías que estar en clase y estás aquí, eso no debe ser bueno, si te expulsan no podrás colaborar conmigo, no podremos trabajar juntos.
Joder.
Joder.
Joder, y mil veces joder.
Jugaba conmigo,¿por qué?
¿Por qué le permitía que lo hiciera?
Sabiendo perfectamente de qué iba..
-Si,bueno.-me levanté,y, sin mirarle a los ojos, por si los tenía enrrojecidos, me dirigí hacia mi aula, en silencio. Pero antes de empezar a andar, me dijo:
-Recuerda el trato. Tú me das lo que quiero, y yo te doy lo que quieres.

martes, 26 de enero de 2010

Desperté media hora antes de la que tenía prevista, como siempre.
Solía despertarme media hora antes para acostumbrarme a estar en un nuevo día, así, a la hora en la que tenía prevista levantarme, no me sería difícil.
Al principio no recordaba nada de lo que había pasado, pero poco a poco fui recordando cada detalle del día anterior, aquel tan raro y a la vez tan emocionante.
Tenía educación física, por lo que tendría que ponerme algún chándal y una camiseta ligera, para no pasar calor.
Después de vestirme, lavarme los dientes y la cara y desayunar, salí pitando hacia el instituto, aunque llegar, llegaría temprano.
Las primeras personas que ví al llegar, fueron un grupo de chicas que charlaban animadamente.
Al verme me saludaron, aunque no manteníamos nunca una conversación decente.
Luego, más adentro, erguido y hablando con un amigo, pero sin cambiar la expresión de su rostro, estaba Alejandro, y, más al fondo, un profesor que había llegado antes de la hora.
Me senté en las escaleras que daban paso al Instituto.
Miré por el rabillo un par de veces, para ver lo que hacía, y me percaté de que de vez en cuando se quedaba mirándome sin pestañear.
Eso me ruborizó, e intenté no reírme.
Entonces, con pasos lentos, se fue acercando hacia a mí, hasta sentarse a mi lado.
-Qué raro-dije-¿te acercas y todo?
Sonrió con su típica sonrisa de impredecible.
-Ayer te dejé dinero para ir en bus, ¿verdad?
No podía ser.
¿De verdad iba a ser tan estúpido como pedírmelo?
Si era así, no tenía ningún problema en devolvérselo, pero si yo fuera él,se me caería la cara de vergüenza.
-No lo usé, me fui andando.
Su sonrisa se hizo mucho más amplia.
-Perfecto. - extendió la mano, esperando a que depositara en ella el dinero.
Intenté hacerme la tonta, como para que dijera “dame el dinero”, ¿Se escucharía a sí mismo?
-El dinero, Sara. Nunca dije que te lo daba, te dije “ te he dejado “ , ¿sabes qué significa dejar?
En toda la cara.
Pero,¿cómo podía ser tan.. impredecible?
Metí la mano en mis bolsillos, cogí el dinero y lo dejé en la palma de su mano.
-Si sigues queriendo tu hermosa sala, te veré en el recreo. Estaré allí, te lo aseguro.
Me levanté, pero él era más rápido, me agarró de la manga y acercó su boca a mi oído.
-Más te vale no estar.
Sinceramente, y aunque sea hablando mal, me pasé por el forro su advertencia-amenaza.
Pasé el día bastante aburrida, colándome entre grupos de personas que decían disfrutar de mi presencia.
Pasé el día pensativa, en mi mundo, como siempre.
Pero en el recreo,ahí estaba yo.
En la sala, mirando el piano como una imbécil mientras esperaba que alguien tocara la puerta y dijera aunque fuese “fuera de mi sala”.
No fue así, nadie tocó la puerta, los minutos pasaron lentamente pero sin embargo sólo estuve acompañada por el cruel silencio, que se incrustaba en mi corazón por cada movimiento de las agujas del reloj.
Comencé a pasar días y días encerrada en aquella sala, sin saber muy bien porqué, sin entender qué me atraía de ese chico, pero sin poder evitar dejarme llevar.
Él no apareció en ningún momento, pero yo le esperaba cada día.
No sé exactamente cuánto pasé, ¿diez,once?
Quizás dos semanas, encerrada, sin acercarme al piano ya que las últimas manos que lo habían tocado eran las suyas.
De vez en cuando me lo encontraba por los pasillos, pero no sé porqué, a la hora de querer mirarle a los ojos una fuerza mayor a mí misma me obligaba a agachar la cabeza, como si algo terrible hubiera hecho.. hasta que un día, no pude más, y mientras hablaba con sus compañeros, le jalé de la manga.
-¿Ahora me evitas?
Se dió la vuelta lentamente, como para causar impresión, y seguidamente me mostró esa sonrisa que tanto había extrañado mi subconsciente.
-No soy masoca Sara, intento evitar los problemas.
-No me llames problema cuando dentro de cierto tiempo podría ser tu remedio de males.
Soltó una carcajada.
De repente, se quedó como en estado de shock, y sonrió mientras a saber qué pensaba.
-Oye, Sarita..
Sentí miedo.
Quizás miedo no era la palabra, pero sentí que algo hacía que me alejara de él poco a poco.
-No te vayas. Sé que me has estado esperando todos estos días. ¿ahora te vas a ir? Qué pena..
Ahora daba más miedo.
-¿Qué quieres..?
Se quedó un momento pensando, para responder adecuadamente.
-Quizás no sabes lo que yo quiero.. Pero yo sé perfectamente lo que quieres tú.. a mí. ¿Hay o no trato? Yo te doy lo que quieres..-se colocó detras de mí, y con movimientos suaves me rodeó la cintura, empezó a besarme el cuello..-pero tú me tienes que dar lo que quiero.
Me aparté bruscamente, era cierto, nunca una verdad me había enfurecer tanto, había una sola cosa que quería, y era a él, era como un capricho, no sé exactamente, pero sus palabras se me clavaron, eran exactas, precisas, y sobretodo reales.
Me atrajo de nuevo hacia él con las manos en la cintura, y lentamente se acercó para que el aliento de su boca y los latidos de su corazón llegaran a mi alcance.. pero para él todo esto era parte de su juego.
-No te vayas, mujer, ¿por qué no me preguntas qué quiero?
Me armé de valor, e intentando mostrar una seguridad de la cual carecía, dije:
-Y tú, ¿qué quieres?
Entonces me soltó repentinamente, y me empujó contra la pared poniéndonse él encima,como para hacer presión.
-Si lo piensas es muy fácil, es algo que hasta tú puedes hacerlo-me miraba sin pestañear, fijamente, sin bajar la mirada-Tú eres guapa, quizás.. quizás si te dejas un poco suelta lo conseguirías.. no te lo tomes a mal, pero pareces una monja y así no puedes conseguir lo que yo quiero, y si yo no lo consigo, tú tampoco,¿verdad?
-Dime ya qué es lo que quieres..-intenté aflojar sus brazos, no podía respirar- y aléjate un poco de mí,joder.
-Ser el presidente del Consejo Escolar, controlar cada movimiento, tener poder.
Le miré perpleja, con los ojos en blanco.
Jamás hubiera llegado a pensar que tenía tanta sed de poder.
-Pero eso.. pero está mal..
-Pero Sara, no seas tan inocente-rió sarcásticamente-¿De verdad crees que algún miembro del consejo actual hace algo por vosotros? Yo te haré mi mano derecha, pero tienes que ayudarme.
Sabía que estaba mal. Sabía que iba a salir mal parada. Sabía que algo se tramaba, y que yo no estaba en sus planes. Pero buscaba mi ayuda, y yo, deseosa de cumplir sus deseos, me puse a sus pies.
-¿Trabajaremos juntos?
-Claro, Sara. Juntos, tú y yo.- dijo dándole cierto énfasis a las tres últimas palabras.
Me emocionó cual niña pequeña a la que iban a dar un caramelo. Sentí que todo empezaba a ir bien, que comenzaría una etapa llena de risas junto a Alejandro, que ahora compartíamos un secreto, compartíamos algo que nos unía irremediablemente.
Pero olvidé que la que le deseaba era yo, no él a mí.

lunes, 25 de enero de 2010

Llegué dos semanas después de que las clases hubieran empezado.
La mayoría de los profesores eran agradables, salvo uno de Arte creo que era, que siempre entraba al aula con un humor de perros.
Al finalizar Música, me acerqué al profesor.
-Es que.. soy nueva y no sé como va esto .. ¿El aula de música está abierto siempre?
Me respondió con amabilidad, sorprendentemente era alguien mucho más fácil de tratar de lo que yo creía a simple vista.
-Está abierto todas las horas menos los miércoles y los viernes, que cierra después del recreo. Tienes que tener en cuenta que al tener un determinado número de salas, debes de pedir sitio antes de que empiece el recreo, o bien pide hoy sitio para mañana.
-Muchas gracias.
Me alejé tarareando una canción que se me había pegado de no sé dónde, no me preguntéis cuál era, pues tampoco me acuerdo.
Fui a la recepción, para preguntar si aún quedaba hueco.
-¡Estás de suerte! Queda una sala, pero es la última, no tiene buen sonido y el piano no está muy afinado, te la quedas igual?
Bueno, la "suerte" del principante, ya se sabe.
Me quedé con la sala, cogí las llaves y me dirigí hacia ella.
Comencé a tocar algunas piezas que mi antiguo profesor de música me había regalado como despedida.
Ahí comprobé que no es que el piano estuviera poco afinado, es que estaba totalmente mal.
No me importó, la verdad, hasta que alguien empezó a golpear mi puerta con brutalidad.
Abrí bastante molesta.
-¡Ah!-cruzó la puerta sin pedir permiso, ni siquiera dijo hola- Así que.. ¡ Así que tú eres la nueva que me ha quitado este sitio !
La verdad, me encontraba algo perdida, pero le hice frente como pude.
-¿Quitado? Yo no te he quitado nada. Pregunté a las conserjes si había alguna libre y me la dieron, ¿Dónde ves tú que te lo haya QUITADO?
-Y tú, ¿Quién eres?
-¿Yo?-extendí la mano amablemente, como si nada de lo que hubiera dicho u hecho sirviera de antecedente para catalogarlo como "estúpido"- Soy Sara, nueva en este centro.
Sin embargo, él no hizo lo mismo.
Pasó por mi lado sin ni siquiera mirarme, y se apoyó sobre el piano con cierta sonrisa.
-¿Yo? Yo soy Alejandro, futuro famoso en éste Centro.. y en el mundo- y seguidamente, añadió acercándose a mí- espero, bonita, que te haya quedado claro que éste es sólo lugar para mí, ¿queda claro? Es decir, espero no verte más por esta sala.
Arqueé una ceja.
-¿Qué pasa, no me entiendes? He dicho que te largues de aquí,venga,FUERA!
No me moví de mi sitio. Quizás por el shock, quizás por la impresión que me había dado el conocer a la primera persona del Instituto y encontrarme con ésta clase de persona.
-No me voy a ir.
Se acercó a mí, e intentó agarrarme de la mano, pero me aparté.
-Mira niña, no soy bueno aguantando mocosas, sabes? Es un gran defecto por mi parte,lo sé. Así que más te vale ir saliendo por esa puerta..
-No me has entendido tú a mí. ¿Quieres tu sala? Claro, aquí la tienes. Ven todos los días, ensaya, HAZ LO QUE TE SALGA DE LAS NARICES! Pero yo me quedo.
-¿Estabas tocando el piano cuando he entrado?-bajó ágilmente del piano, ahora dirigiéndose hacia el taburete.
Me quedé un poco pasmada, después de todo, me había cambiado de tema, su tono era mucho más suave, relajado.. ahora.. ahora incluso daba gusto oírlo..pero solo un poco.
-Eh.. sí.. una pieza.. una pieza que me dió un profesor de mi otro Instituto, pero con éste cacharro no hay quien toque bien..
Estalló en carcajadas.
-No es el cacharro, es que no sabes tocar.
Le puse mala cara pero él, sin ni siquiera devolverme la mueca, agarró mi partitura y comenzó a tocar.. y entonces todo cambió, como si las notas que salían del piano se convirtieran en alegría para la sala, se llenó de color, de gracia, de virtud.
Alejandro cesó de tocar de golpe, y empezó con otra pieza.
Ésta no la conocía, pero era tan agradable como la que mi profesor me había regalado, quizás algo más suave, como si fuera el estado de ánimo de alguien que por un momento es feliz.
Cerré los ojos, y sin darme cuenta, empecé a sonreír a medida que la música cambiaba de volumen, de tono, era más tranquila o más nerviosa, el estado de ánimo de la música empezó a correr por mis venas, se penetró en mi cuerpo, me sentía viva.
Entonces, dejó de sonar de nuevo.
Abrí los ojos desesperada por encontrar con la mirada al piano, y querer ordenarle que siguiera sonando, pero al darme cuenta de quién había estado tocando, me sentí realmente estúpida.
-¿Te ha gustado?
Intenté contener mi emoción, intenté agrupar las palabras perfectas para no insinuar que era buenísimo, pero tampoco que era malo.
-No ha estado mal.
Soltó una carcajada, y se bajó del taburete.
-No soy lo mejor del mundo, pero soy mejor que tú y que todos los de este asco de Instituto. Además, seré el mejor del mundo, algún día.
Justo cuando le iba a responder,sonó la campana, y antes de que pudiera decir nada ya estaba cruzando la puerta.
-Eh, espera!
Logré alcanzarle, y le agarré por la manga.
Se dió la vuelta.
-Tengo un exámen ahora, ¿Qué quieres?
Cuando lo miré de frente, la mente se me puso en blanco, totalmente.
¿Cómo podía cambiar el tono de su voz tan rápidamente? Ahora resultaba mucho más frío, ahora las palabras se me clavaban igual que al principio.
-Eh..nada, que mañana estaré ahí, no me vas a echar, te lo aseguro.
Intenté que sonara lo más indirectamente, esperaba volver a estar a solas con él en esa sala, esperaba voler a escuchar cómo sus dedos rozaban las teclas del piano tan suavemente y cómo tocaba esa canción que ya estaba zumbando cual avispa por mi mente.
Aquél día volví en cuanto terminaron las clases a mi casa, estaba agotadísima. La profesora de Matemáticas me había encargado ayudar a una compañera que tenía problemas con los números, así que además me tocaba hacer de profesora.
Me metí en la ducha para desestresarme, y más tarde comencé a releer “Marina”.
Era uno de mis libros favoritos porque de pequeña siempre había soñado con vivir una historia llena de emociones, y leer ese libro me inspiraba, me hacía revivir viejos recuerdos.
A la noche, tuve que salir para hacer la compra.
Fui al supermercado que quedaba a varias manzanas de mi casa, porque al parecer, el que estaba debajo de mi portal cerraba tempranísimo.
Mientras volvía, cuatro fornidos hombres me acorralaron.
-Eh,nena!
-Muñeca! Ven, ven aquí!
Intenté atizarle con algún spray que había comprado, pero fue inútil.
Pensé en correr, pero estaba casi segura de que me caería.
Entonces, como por arte de magia apareció él. Me recordó como a aquélla escena de Crepúsculo, bueno, claro, sin tener en cuenta éste final.
Siendo consciente de que le iban a dar una paliza, se acercó aparentemente seguro de sí mismo.
-¡Eh! Dejádla en paz ya.
Y claro, cómo no, ellos se mofaron como si una rata callejera le dijera al gato del rey que le limpiara la cola.
-Pero bueno, y tú quién eres, ¿el príncipe salvador?
Se le tiraron encima como leones.. pero antes de que casi la muerte abriera las puertas a Alejandro me tiró sus llaves.
-¡Mira en las llaves y corre!
Sinceramente, aún no sé cómo a la media hora volvió a su casa tan campante, tan feliz, y sobretodo, sin un rasguño. Saldría corriendo, seguramente.
La cuestión era que desde ese momento, yo, Sara Stellbyer le debía una al señorito “soy mejor que nadie”.
Mientras me ofrecía algo para beber, en tono desenfadado, soltó:
-Bueno, supongo que ya te puedes ir tú solita a casa, no te van a molestar más.
A decir verdad, esperaba que me acompañara, pero claro, no se podía pedir mucho más de alguien como él.
-Sí, claro.
Agarró la taza de té y me la dejó sobre la mesa.
-Tómate eso y luego vete, no quiero parecer molesto contigo por haber tenido que ir a salvarte.
¿Salvarme? ¡Si se había ofrecido él!
Sorbí un poco el té para evitar decir nada fuera de lugar, aunque bien me hubiera gustado responder algo más convincente que lo que dije.
-Sí,bueno-dejé la taza sobre la mesa, intentando no hacer mucho ruido- Muchas gracias.
Se sentó frente a mí, en otro sofá. Ambos estaban separados por una mesita de cristal minuciosamente decorada por un pequeño jarrón de flores.
Las flores estaban casi secas, parecían llevar ahí mucho tiempo.
-¿Vives muy lejos de aquí?
Balbuceé un poco antes de contestar.
-Eh.. bueno, me las arreglaré, no te preocupes.-terminé mi taza de té, y él se levantó para recogerla.
-No me preocupo- se dió la vuelta y me dedicó una sonrisa- simplemente no quiero que haya rumores sobre de que te dejé ir sola a estas horas de la noche. No me convendría si quiero ser importante y querido.
No respondí, por lo que siguió hablando.
-Ya te puedes ir,eh? No quiero que estés aquí cuando venga mi madre, no me apetece darle explicaciones.
Inmediatamente me levanté y agarré mis cosas.. ¡mis cosas!
-Oh!.. La compra..
-¿Qué pasa? -preguntó acercándose a mí.
-Ah.. nada, no tiene importancia.
Pero se percató de que me había dejado las bolsas en algún lugar.
-¿Qué llevabas?
-Comida.. huevos, leche, compresas.. -me sonrojé- bueno, no pasa nada, menos peso para ir a casa!
Me cerró la puerta y fue corriendo a la cocina.
No esperaba que me trajera un poco de comida, más o menos lo que había comprado.
¿Era bipolar o algo?
Me entregó la bolsa mirando hacia abajo.
-Con eso vas que chutas. Además, la culpa es tuya por ir tan lejos a comprar. Hay compresas también, se las he cogido a mi hermana. Y te he dejado dinero para que cojas el bus, por si tienes miedo..ahora vete ya.
Esbocé una sonrisa.
-¡Muchas gracias!
No dijo nada, se precipitó hacia la puerta, y la abrió, esperando a que me fuera.

viernes, 15 de enero de 2010

En medio de tanta gente, en medio de tantas caras conocidas, pero a la vez desconocidas.
En el fondo,sola, sin nadie a su lado,perdida.
Desearía ser la protagonista de aquel libro que.. piensa, y por un momento desearía darse un golpe en la pared de lo estúpidos que son sus pensamientos.
¡Para que después se queje de que la llaman loca! Si disfruta con cada página de un libro, si es de aquellas que disfrutan y sienten la música, y sueña despierta a todas horas.
Se levanta de la silla casi riéndose de sí misma, y con un suave bailoteo se acerca a la ventana.
Llueve y le encanta que llueva.
Le sonríe a... la lluvia (?).
Sí, definitivamente.. es de esas princesas que no necesitan palacio ni castillo, privilegios ni sirvientes.