miércoles, 7 de octubre de 2009

Hace unos minutos que cerré las ventanas, y al poco tiempo todo ha vuelto a la calma.
Ya no se oye el suave golpeteo de las gotas de lluvia rozando mi cristal.
Abro las ventanas y un suave aroma a mojado recorre mi habitación.
Huele a lluvia.
Es la agradable sensación que me permite dejar echar mi imaginación y escribir sin límites.
Observo el cielo, ahora el sol está cayendo.
Escribo, y vuelvo a mirarlo, y ha desaparecido...pero en realidad sigue ahí.
Un pájaro acaba de cruzar frente a mis ojos.
Vivo.
Agacho la cabeza y no se ven más que calles empapadas por la lluvia.
Algo tan natural, algo que a mí, personalmente, me agrada, y me hace sacar una sonrisa,sí.
Cierro los ojos y respiro una vez más.
Lluvia.. huele a lluvia.
Hacía tiempo que no olía así.
Las nubes,ahora grisáceas, parecen querer descargar más aún.
¡No os cortéis! Aquí sois bienvenidas.
Hay una parte de mi habitación que se ha mojado,ya que no he cerrado a presión las ventanas.
Trato de no mojar los pies, y me asomo como puedo a la ventana.
Precioso.
Natural,diario.
Pero sobretodo,precioso.
Recuerdo que tiempo atrás corría por algunos parques cercanos.
En la fuente, el agua recorría siempre su curso, día y noche,invierno,primavera,verano y otoño,cada día al cruzar por ahí, fresca,pura, limpia.
Era mi lugar favorito y ahí me sentía aliviada.
El dolor se lo llevaban los pájaros que piaban cada tarde.
La puesta de Sol, éste, escondiéndose, despidiéndose de otro día, en pleno ocaso.
Me tumbaba en la hierba, que acariciaba mi pelo como si de un masaje se tratara.
Gozaba de su estancia, y él de la mía.
Ése lugar que sabía cada trozo que componía mi vida,
ése lugar que,si pudiera hablar, dejaría a la vista todos mis ideales.

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