miércoles, 27 de enero de 2010

Apareció detrás de mí, pasando su brazo por mi cintura.
A decir verdad, los últimos días, cada vez que se acercaba a mí, me cogía por la cintura.
Habíamos comenzado a pasar cierto tiempo charlando, pero nunca me contaba sus cosas, y siempre mantenía una posición tensa, como si quisiera controlarse de algo.
-Sarita.
Me dí la vuelta, estaba desesperada por probar sus labios, pero no, todavía no era buen momento, a decir verdad, no era ni el momento ni el lugar.
-Dentro de poco son las elecciones para el presidente del consejo.
Un escalofrío me recorrió por todo el cuerpo.
-¿Me vas a decir lo que tengo que hacer?
Me apretó junto a él, sonriendo.
-Ofrécete a cambio de mis votos.
El corazón me dió un vuelco.
Quedaban apenas dos semanas, sólo dos semanas.. hace dos días lo habría visto como la cosa más lejana del mundo, dos semanas para empezar a trabajar en equipo con la persona que hacía que se me cortara la respiración.. ahora lo veía diferente, lo veía demasiado cerca.
-No puedes hacerme esto..
-Sara,Sara-se puso frente a mí y me miró fijamente-¿Crees que a mí me hace ilusión ver cómo otros disfrutan de ese cuerpo?
Me miraba sin pestañear, como siempre, trataba de ser sincero, pero en el fondo, yo sabía que tan sólo me quería para eso, utilizarme, ésos eran sus únicos propósitos.
Con su mano derecha, me levantó de la barbilla y me sonrió relativamente dulce.
Lo vi alejarse entre el túmulo de personas, mientras yo poco a poco me desvanecía por dentro.
Llegaba tarde a clase, pero ese era mi menor problema. Una parte de mí rechazó a mi cerebro, lo único que pensaba de forma coherente ante ésta situación, la otra.. la otra, estaba dispuesta a hacer cualquier sacrifio por tenerle, aunque éste fuera humillante.
Vagabundeé incesantemente por los pasillos del instituto. Lo bueno que tienen estos institutos es que son tan grandes que es prácticamente imposible que los profesores lo controlen todo.
Me quedé arrinconada en un hueco que había entre la biblioteca y la sala de actos, y allí comencé a llorar desconsoladamente y en silencio.
No se cuanto tiempo pasó mirando hacia abajo, hasta que alguien me acarició la cabeza cariñosamente.
-¿Sara?..
Lo último que me faltaba, sí señor.
-Lea..
Se agachó para estar a mi misma altura, me tomó de la cabeza y comenzó a consolarme, limpiándome las lágrimas, aún sin saber qué era exactamente lo que me pasaba.
-¿Quieres hablar?
Al abrir la boca para responder, me dí cuenta de que Alejandro estaba en la planta de arriba, haciéndome señas.
-No, no te preocupes- dije, fingiendo una sonrisa- si estoy bien, vete a clase anda.
No me moví de aquel rincón hasta que ví que Lea entró al aula.
Alejandro bajó a donde estaba, estaba claro que quería hablar conmigo. Me sequé las lágrimas con la manga, no quería que me viera mal, aunque en realidad hubiese sido lo mejor.
-¿Qué haces aquí marginada?-preguntó sin sospechar que había estado llorando.
-Nada que te importe-respondí secamente.
-Claro que me importa, tú me..-entonces, como queriendo ocultar algo que era inevitable, desvió la frase- tú tendrías que estar en clase y estás aquí, eso no debe ser bueno, si te expulsan no podrás colaborar conmigo, no podremos trabajar juntos.
Joder.
Joder.
Joder, y mil veces joder.
Jugaba conmigo,¿por qué?
¿Por qué le permitía que lo hiciera?
Sabiendo perfectamente de qué iba..
-Si,bueno.-me levanté,y, sin mirarle a los ojos, por si los tenía enrrojecidos, me dirigí hacia mi aula, en silencio. Pero antes de empezar a andar, me dijo:
-Recuerda el trato. Tú me das lo que quiero, y yo te doy lo que quieres.

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