Desperté media hora antes de la que tenía prevista, como siempre.
Solía despertarme media hora antes para acostumbrarme a estar en un nuevo día, así, a la hora en la que tenía prevista levantarme, no me sería difícil.
Al principio no recordaba nada de lo que había pasado, pero poco a poco fui recordando cada detalle del día anterior, aquel tan raro y a la vez tan emocionante.
Tenía educación física, por lo que tendría que ponerme algún chándal y una camiseta ligera, para no pasar calor.
Después de vestirme, lavarme los dientes y la cara y desayunar, salí pitando hacia el instituto, aunque llegar, llegaría temprano.
Las primeras personas que ví al llegar, fueron un grupo de chicas que charlaban animadamente.
Al verme me saludaron, aunque no manteníamos nunca una conversación decente.
Luego, más adentro, erguido y hablando con un amigo, pero sin cambiar la expresión de su rostro, estaba Alejandro, y, más al fondo, un profesor que había llegado antes de la hora.
Me senté en las escaleras que daban paso al Instituto.
Miré por el rabillo un par de veces, para ver lo que hacía, y me percaté de que de vez en cuando se quedaba mirándome sin pestañear.
Eso me ruborizó, e intenté no reírme.
Entonces, con pasos lentos, se fue acercando hacia a mí, hasta sentarse a mi lado.
-Qué raro-dije-¿te acercas y todo?
Sonrió con su típica sonrisa de impredecible.
-Ayer te dejé dinero para ir en bus, ¿verdad?
No podía ser.
¿De verdad iba a ser tan estúpido como pedírmelo?
Si era así, no tenía ningún problema en devolvérselo, pero si yo fuera él,se me caería la cara de vergüenza.
-No lo usé, me fui andando.
Su sonrisa se hizo mucho más amplia.
-Perfecto. - extendió la mano, esperando a que depositara en ella el dinero.
Intenté hacerme la tonta, como para que dijera “dame el dinero”, ¿Se escucharía a sí mismo?
-El dinero, Sara. Nunca dije que te lo daba, te dije “ te he dejado “ , ¿sabes qué significa dejar?
En toda la cara.
Pero,¿cómo podía ser tan.. impredecible?
Metí la mano en mis bolsillos, cogí el dinero y lo dejé en la palma de su mano.
-Si sigues queriendo tu hermosa sala, te veré en el recreo. Estaré allí, te lo aseguro.
Me levanté, pero él era más rápido, me agarró de la manga y acercó su boca a mi oído.
-Más te vale no estar.
Sinceramente, y aunque sea hablando mal, me pasé por el forro su advertencia-amenaza.
Pasé el día bastante aburrida, colándome entre grupos de personas que decían disfrutar de mi presencia.
Pasé el día pensativa, en mi mundo, como siempre.
Pero en el recreo,ahí estaba yo.
En la sala, mirando el piano como una imbécil mientras esperaba que alguien tocara la puerta y dijera aunque fuese “fuera de mi sala”.
No fue así, nadie tocó la puerta, los minutos pasaron lentamente pero sin embargo sólo estuve acompañada por el cruel silencio, que se incrustaba en mi corazón por cada movimiento de las agujas del reloj.
Comencé a pasar días y días encerrada en aquella sala, sin saber muy bien porqué, sin entender qué me atraía de ese chico, pero sin poder evitar dejarme llevar.
Él no apareció en ningún momento, pero yo le esperaba cada día.
No sé exactamente cuánto pasé, ¿diez,once?
Quizás dos semanas, encerrada, sin acercarme al piano ya que las últimas manos que lo habían tocado eran las suyas.
De vez en cuando me lo encontraba por los pasillos, pero no sé porqué, a la hora de querer mirarle a los ojos una fuerza mayor a mí misma me obligaba a agachar la cabeza, como si algo terrible hubiera hecho.. hasta que un día, no pude más, y mientras hablaba con sus compañeros, le jalé de la manga.
-¿Ahora me evitas?
Se dió la vuelta lentamente, como para causar impresión, y seguidamente me mostró esa sonrisa que tanto había extrañado mi subconsciente.
-No soy masoca Sara, intento evitar los problemas.
-No me llames problema cuando dentro de cierto tiempo podría ser tu remedio de males.
Soltó una carcajada.
De repente, se quedó como en estado de shock, y sonrió mientras a saber qué pensaba.
-Oye, Sarita..
Sentí miedo.
Quizás miedo no era la palabra, pero sentí que algo hacía que me alejara de él poco a poco.
-No te vayas. Sé que me has estado esperando todos estos días. ¿ahora te vas a ir? Qué pena..
Ahora daba más miedo.
-¿Qué quieres..?
Se quedó un momento pensando, para responder adecuadamente.
-Quizás no sabes lo que yo quiero.. Pero yo sé perfectamente lo que quieres tú.. a mí. ¿Hay o no trato? Yo te doy lo que quieres..-se colocó detras de mí, y con movimientos suaves me rodeó la cintura, empezó a besarme el cuello..-pero tú me tienes que dar lo que quiero.
Me aparté bruscamente, era cierto, nunca una verdad me había enfurecer tanto, había una sola cosa que quería, y era a él, era como un capricho, no sé exactamente, pero sus palabras se me clavaron, eran exactas, precisas, y sobretodo reales.
Me atrajo de nuevo hacia él con las manos en la cintura, y lentamente se acercó para que el aliento de su boca y los latidos de su corazón llegaran a mi alcance.. pero para él todo esto era parte de su juego.
-No te vayas, mujer, ¿por qué no me preguntas qué quiero?
Me armé de valor, e intentando mostrar una seguridad de la cual carecía, dije:
-Y tú, ¿qué quieres?
Entonces me soltó repentinamente, y me empujó contra la pared poniéndonse él encima,como para hacer presión.
-Si lo piensas es muy fácil, es algo que hasta tú puedes hacerlo-me miraba sin pestañear, fijamente, sin bajar la mirada-Tú eres guapa, quizás.. quizás si te dejas un poco suelta lo conseguirías.. no te lo tomes a mal, pero pareces una monja y así no puedes conseguir lo que yo quiero, y si yo no lo consigo, tú tampoco,¿verdad?
-Dime ya qué es lo que quieres..-intenté aflojar sus brazos, no podía respirar- y aléjate un poco de mí,joder.
-Ser el presidente del Consejo Escolar, controlar cada movimiento, tener poder.
Le miré perpleja, con los ojos en blanco.
Jamás hubiera llegado a pensar que tenía tanta sed de poder.
-Pero eso.. pero está mal..
-Pero Sara, no seas tan inocente-rió sarcásticamente-¿De verdad crees que algún miembro del consejo actual hace algo por vosotros? Yo te haré mi mano derecha, pero tienes que ayudarme.
Sabía que estaba mal. Sabía que iba a salir mal parada. Sabía que algo se tramaba, y que yo no estaba en sus planes. Pero buscaba mi ayuda, y yo, deseosa de cumplir sus deseos, me puse a sus pies.
-¿Trabajaremos juntos?
-Claro, Sara. Juntos, tú y yo.- dijo dándole cierto énfasis a las tres últimas palabras.
Me emocionó cual niña pequeña a la que iban a dar un caramelo. Sentí que todo empezaba a ir bien, que comenzaría una etapa llena de risas junto a Alejandro, que ahora compartíamos un secreto, compartíamos algo que nos unía irremediablemente.
Pero olvidé que la que le deseaba era yo, no él a mí.

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