jueves, 28 de enero de 2010

Estaba jadeando cual perro, mientras yo me moría de asco.
Me llevó hacia un aula desierta, y estancó la puerta con una silla.
-Así que..-dijo, mientras se acercaba lentamente a mí- así que eres un trueque, sexo por votación hacia tu amado Alejandro..
Tragué saliva.
-Eso mismo.
-Muy bien.. mira.-sacó su papelito donde debía de votar, y escribió el nombre de “Alejandro” en él.- Ven, que vamos a intercambiar objetos..más te vale cumplir, porque si no, Alejandrito podría sufrir un.. pequeño accidente.
Sonrió maliciosamente.
Me cogió por la cintura, y me subió a la mesa del profesor.
Jadeaba, seguía jadeando. Ansiaba tomar mi cuerpo de una vez, para él sería otro polvo más,pero..
Cerré los ojos y me puse a sus pies. Empezó tocándome los pechos, mientras el aire que pasaba por sus pulmones me estremecía rozándome la piel.
Deslizó la punta de sus dedos por mis piernas, y de un tirón, me quitó la falda del uniforme, mientras sus ojos estaban inyectados en sed, mucha sed.
Entonces, comenzó el dolor. Como si de repente un lazo muy fuerte junto a tu mejor amiga se rompiera.
Como si, de un segundo a otro, te quedaras sola en el mundo.
Rompí a llorar en silencio, mis lágrimas bajaban lentamente por mi rostro, mientras aguantaba el sufrimiento que estaba viviendo.
Me agarró de la mano con la suya, fuerte, áspera, fría. Y me la llevó hacia lo suyo, haciendo que todo mi ser sintiera asco de mí misma.
Sentí que terminé desvaneciéndome, y que algo me trasladaba de un lado a otro.
Cuando desperté estaba escondida entre matorrales en un parque abandonado, sin recordar nada de lo sucedido.
Estaba empapada de sangre.. entonces lo recordé todo, y me tiré un buen rato llorando.
-¿Sara?
Me dí la vuelta, sorprendida de que incluso en un parque tan abandonado como éste, alguien hubiera merodeando.
Sentí un escalofrío al pensar lo que podría preguntarme.
“¿Qué haces aquí?”
“¿Y esa sangre?”
“¿Todavía con el uniforme del instituto?
Y lo peor :
“¿Qué te ha pasado?”
No sabía cómo iba a contestar a estas preguntas.. sin embargo, tampoco me hizo falta contestarlas.
-Alejandro..
-¿Qué..?
Ésta vez no pude evitarlo, seguía llorando, no podía parar, cada vez que pensaba que mi primera vez había sido para.. me daba asco yo misma, mucho asco.
-No puede ser..-comenzó a titubear-Sara,no me digas que tú eras..
Me levanté con todo el maquillaje corrido por las lágrimas.
Estaba destrozada, me había destrozado, él.
Hice caso omiso a mi corazón, y sin pensar lo que estaba diciendo u haciendo, le dí un guantazo.
-Te odio.
Con la falda manchada en sangre y barro, y la camiseta completamente rota, me fui hacia mi casa.

1 comentario:

Flaviani. dijo...

Joder, es genial. Me leí la primera historia, y al final empezé por el principio, para poder entender todo, y es genial.
Un beso, Ast.